
La pérdida de confianza en las instituciones, el debilitamiento de las normas sociales compartidas y la creciente sensación de incertidumbre son fenómenos que están impactando profundamente la convivencia y la salud mental de las personas. Así lo analizaron académicos de la carrera de Psicología de la Universidad Santo Tomás Temuco, quienes abordaron el fenómeno conocido en las ciencias sociales como anomia social, concepto que describe la percepción negativa de la sociedad, caracterizada por un debilitamiento moral, una falta de confianza generalizada, una evaluación negativa de los liderazgos y su eficacia para resolver los problemas de la gente.
El análisis fue desarrollado por el Dr. en Ciencias Sociales Fredy Cea, el Dr. en Psicología Mauro Olivera y Pamela Angulo Díaz, psicóloga, Magíster en Psicología Clínica con mención Infantojuvenil por la Universidad de Chile y directora de la carrera de Psicología de la Universidad Santo Tomás, sede Temuco, quienes coinciden en que Chile enfrenta un desafío que trasciende lo económico y político, involucrando dimensiones culturales, sociales y psicológicas.
Para el académico Fredy Cea, uno de los principales problemas que enfrenta la sociedad es el deterioro de la confianza y de las normas que históricamente permiten la convivencia social y dan predictibilidad al actuar de las personas.
«Lo que observamos hoy no es solamente un malestar circunstancial, sino una percepción creciente de desintegración social y pérdida de confianza. Cuando las personas sienten que las normas no son compartidas o aplicadas de manera equitativa, se genera incertidumbre y una sensación de inseguridad que afecta directamente la vida cotidiana y el bienestar psicológico y social», explicó.
El académico señaló que este fenómeno se relaciona con la percepción de que el tejido social se encuentra debilitado, afectando la legitimidad de las instituciones y la capacidad de las personas para proyectar un futuro con mayores certezas.
Impacto en las nuevas generaciones
Esta situación adquiere especial relevancia en las nuevas generaciones. El doctor en Psicología Mauro Olivera advirtió que la adolescencia constituye una etapa especialmente vulnerable frente a la ausencia de referentes sociales sólidos y espacios de contención.
«Los procesos de construcción de identidad requieren marcos de referencia claros y relaciones significativas. Cuando las instituciones tradicionales, como la familia, la escuela o los espacios comunitarios, pierden capacidad de orientar y contener, los jóvenes buscan reconocimiento y validación en entornos digitales que muchas veces profundizan la incertidumbre y la fragilidad emocional», sostuvo.
El especialista agregó que la exposición permanente a redes sociales, la búsqueda constante de aprobación y la influencia de contenidos digitales pueden generar escenarios complejos para el desarrollo psicosocial de adolescentes y jóvenes.
«Hoy observamos cómo muchos jóvenes construyen su identidad en espacios marcados por la inmediatez y la validación externa. Esto puede favorecer la aparición de conductas de riesgo, dificultades en la regulación emocional y una mayor vulnerabilidad frente a fenómenos sociales y culturales que se viralizan rápidamente», añadió.
Una mirada integral de la salud mental
Desde la perspectiva de la salud mental, Pamela Angulo enfatizó la necesidad de comprender estos fenómenos desde una mirada integral, evitando reducir los problemas a una dimensión exclusivamente individual.
«No podemos abordar las dificultades de salud mental únicamente desde la intervención clínica individual. Es fundamental considerar también los factores sociales, culturales y comunitarios que están afectando el bienestar psicológico de las personas, particularmente de niños, niñas y adolescentes», afirmó.
La académica agregó que fortalecer los espacios de convivencia, promover relaciones basadas en la confianza y recuperar el valor de la vida comunitaria constituyen elementos fundamentales para enfrentar los desafíos actuales.
«Las personas necesitamos entornos predecibles, seguros y relaciones significativas para desarrollarnos de manera saludable. La reconstrucción de la confianza social y el fortalecimiento de los vínculos comunitarios son desafíos que requieren el compromiso conjunto de las familias, las instituciones y la sociedad en su conjunto», concluyó.
Los académicos coincidieron en que abordar los problemas de convivencia, violencia y salud mental exige comprender las transformaciones sociales que experimenta el país y avanzar hacia estrategias que permitan fortalecer el tejido social, promoviendo una convivencia basada en el respeto, la cooperación y la confianza mutua.