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Columna de opinión de Henry Leal: «Boric antes de dejar el gobierno recorta 20 mil subsidios habitacionales y La Araucanía es de las regiones más afectadas»

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La vivienda propia no es solo una aspiración legítima: es un pilar básico de la dignidad y la seguridad de las familias. Por eso, cuando se toman decisiones que afectan directamente el acceso a subsidios habitacionales, especialmente aquellos dirigidos a los sectores más vulnerables, no estamos frente a un ajuste técnico más, sino ante una señal política profunda sobre las prioridades de un gobierno.

En los últimos días ha salido a la luz una decisión que no puede pasar inadvertida. Antes de dejar la administración, el gobierno saliente concretó un recorte de 20.000 subsidios habitacionales del programa destinado a las familias más vulnerables del país. Se trata del subsidio DS49, precisamente aquel que apunta a quienes tienen menos herramientas para acceder a una vivienda sin apoyo estatal. Este recorte, lejos de ser neutro, golpea con especial dureza a regiones como La Araucanía.

Las cifras son elocuentes y preocupantes. En nuestra región, donde históricamente se asignan entre 1.500 y 1.800 subsidios anuales, la reducción proyectada los deja en apenas 700. Es decir, menos de la mitad. Detrás de estos números hay historias reales: familias que llevan años organizadas en comités de vivienda, que han cumplido requisitos, que han esperado con paciencia, y que hoy ven cómo esa meta se aleja nuevamente.

Este no es un ajuste cualquiera. Es, en la práctica, una disminución evidente de derechos sociales. Porque cuando el Estado reduce su capacidad de apoyar a los más vulnerables en algo tan esencial como la vivienda, lo que está haciendo es retroceder en garantías básicas que debieran ser irrenunciables.

Lo más preocupante, sin embargo, no es solo la magnitud del recorte, sino el silencio que lo ha rodeado. El gobierno que tomó esta decisión no ha dado explicaciones claras ni ha asumido el impacto que tendrá en miles de familias. Pero igualmente inquietante es la reacción —o más bien la falta de ella— de quienes hoy están en la vereda opuesta. Autoridades que hace apenas días eran oficialistas, hoy en la oposición, han optado por guardar silencio frente a una medida que afecta directamente a los sectores que dicen representar.

Este tipo de decisiones no puede quedar en la opacidad. La ciudadanía, y especialmente los comités de vivienda de La Araucanía, tienen derecho a saber que, antes de dejar el poder, se realizó un recorte significativo en los recursos destinados a subsidios habitacionales para el año 2026. No se trata de una discusión ideológica abstracta, sino de una realidad concreta que afectará a miles de personas que hoy siguen esperando una solución.

Aquí no hay espacio para ambigüedades. Cuando se recortan beneficios a los más necesitados, cuando se reducen oportunidades para acceder a una vivienda digna, estamos frente a una decisión que debe ser denunciada con claridad. No basta con lamentarse después ni con deslindar responsabilidades. Es necesario exigir explicaciones y, sobre todo, compromisos concretos para revertir esta situación.

La política pública en vivienda requiere continuidad, responsabilidad y, por sobre todo, sensibilidad social. No puede ser objeto de decisiones de última hora que comprometen el futuro de miles de familias. La Araucanía no merece ser nuevamente postergada, y sus habitantes no pueden seguir pagando el costo de decisiones tomadas a puertas cerradas.

Hoy más que nunca, es fundamental transparentar lo ocurrido y poner en el centro a las personas. Porque detrás de cada subsidio recortado hay una familia que deberá seguir esperando. Y esa espera, en muchos casos, ya ha sido demasiado larga.

Henry Leal