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Columna de Opinión: Por la boca muere el pez

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Por Pía Bersezio Norambuena, periodista, Mg. en Gestión de Gobierno y directora de Extensión y Comunicaciones de Santo Tomás Temuco

“Por la boca muere el pez”. Es un dicho antiguo, pero basta mirar la contingencia para darse cuenta de que sigue vigente. En los últimos días, las comunicaciones del Gobierno se han convertido nuevamente en noticia nacional, recordándonos que la forma en que transmitimos un mensaje puede ser tan o más importante que su contenido.

Lo hemos visto en autoridades, pero también ocurre en cargos directivos, empresas e instituciones. Una frase mal dicha, una respuesta poco clara o una declaración fuera de contexto pueden tener consecuencias importantes. Muchas veces, una mala comunicación termina costando un cargo.

Pero esto va mucho más allá de la política.

Vivimos en una época en que tenemos más herramientas que nunca para comunicarnos. Redes sociales, WhatsApp, videollamadas e inteligencia artificial, capaz de redactar en segundos un correo, una presentación o una respuesta.

Y aquí viene la pregunta: ¿estamos utilizando estas herramientas para comunicarnos mejor o estamos dejando que comuniquen por nosotros?

La inteligencia artificial puede ser una gran aliada. Nos ayuda a ordenar ideas, mejorar textos y ahorrar tiempo. Pero no reemplaza la preparación de quien comunica.

Porque comunicar no es solamente decir palabras. También es cómo miramos, cómo nos paramos, cómo usamos nuestra voz, cómo reaccionamos frente a una pregunta y cuánto conocemos del tema que estamos hablando.

Podemos tener una respuesta perfectamente redactada en una pantalla, pero si no dominamos el tema, no nos preparamos o no sabemos responder una pregunta inesperada, se va a notar.

Por eso, hago una invitación a volver al lenguaje. Volver a leer, escribir, conversar y escuchar. Preocuparnos por cómo expresamos nuestras ideas y por cómo nos hacemos entender.

Desde mi rol como directora de Extensión y Comunicaciones de Santo Tomás Temuco, esta reflexión tiene especial sentido. En nuestra sede, 6.466 estudiantes se forman en la Universidad, el Instituto Profesional y el Centro de Formación Técnica para desenvolverse en un mundo laboral donde los conocimientos técnicos deben ir acompañados de habilidades para comunicarse y relacionarse con otros.

Un profesional de la salud debe explicar un diagnóstico; un abogado, una situación jurídica; un técnico necesita relacionarse con clientes y equipos; un docente debe hacerse entender y un emprendedor, comunicar el valor de lo que ofrece.

La comunicación no es un complemento de la formación profesional. Es parte de ella.

Hoy podemos publicar, responder y enviar mensajes en segundos. Sin embargo, comunicar bien sigue requiriendo algo que ninguna herramienta puede resolver por sí sola: pensar qué queremos decir, a quién nos dirigimos y cómo queremos que nuestro mensaje sea entendido.

En tiempos de inteligencia artificial, necesitamos recuperar el valor de las palabras: leer para ampliar nuestro lenguaje, escribir para ordenar nuestras ideas, conversar para comprender al otro y prepararnos para expresar lo que pensamos.

Porque, en algún momento, todos tendremos que explicar algo, defender una idea, enfrentar una dificultad o liderar un equipo.

Y entonces, saber mucho será importante.

Pero saber comunicarlo también.

Porque, al final, por la boca muere el pez.