
En un mundo marcado por la prisa, la sobreexigencia y el ruido, la búsqueda de espacios de calma y reconexión interior se ha vuelto una necesidad urgente. Cada vez más personas miran hacia prácticas que les permitan detenerse, respirar y volver al centro. En ese escenario, disciplinas como el Reiki, la meditación y el trabajo energético han ido ganando terreno como caminos complementarios para el bienestar integral del ser humano.
En Pitrufquén, Grethel Arenas Thomann ha construido un espacio donde la sanación se entiende no solo como alivio físico, sino como un proceso profundo de conciencia, responsabilidad personal y conexión espiritual. Terapeuta holística, maestra de Reiki y formadora, su trabajo nace desde una experiencia vital marcada por el servicio en el área de la salud y una búsqueda espiritual honesta y reflexiva.
Antes de dedicarse por completo al mundo terapéutico, Grethel trabajó durante más de diez años en el sistema de salud, específicamente en el área de pacientes críticos, tras formarse como técnico en enfermería. Ese contacto cotidiano con el sufrimiento, la fragilidad humana y la muerte fue determinante en su camino personal. “Viví muchas muertes de personas que se fueron muy solas, y eso te cambia la forma de mirar la vida. Empiezas a preguntarte qué más podemos hacer por el otro, más allá del cuerpo físico”, relata.
Fue durante la pandemia cuando decidió dar un giro definitivo a su vida profesional. Mientras el sistema sanitario enfrentaba una de sus etapas más duras, ella comenzó a expandir un trabajo que ya venía gestándose desde hace años; la sanación desde el plano energético y espiritual, siempre como complemento a la medicina tradicional.
“Yo jamás le diría a alguien que deje su tratamiento médico. Las terapias complementarias no reemplazan la medicina, la acompañan. El Reiki no sana una enfermedad por sí solo, sino que ayuda a la persona a equilibrarse para enfrentar mejor sus procesos”, enfatiza.
A diferencia de otros caminos, su acercamiento al mundo espiritual no surge desde el esoterismo, sino desde una profunda inquietud religiosa y teológica. Criada en un entorno conservador y religioso, Grethel inició desde muy joven una búsqueda que la llevó a cuestionar las estructuras rígidas de la fe y a explorar distintas tradiciones espirituales.
“Empecé a entender que Dios no era solo un juez, sino un ser que ama, que acompaña y que tiene muchos misterios para enseñarnos. Eso me abrió la mente y el corazón”, explica.
Ese proceso la llevó a estudiar diversas corrientes como el cristianismo, el budismo, el taoísmo y otras filosofías orientales, comprendiendo que, más allá de los nombres o las culturas, todas apuntan a una misma energía creadora. En 2019 formalizó este camino a través de estudios en terapias holísticas, integrando Reiki, tarot, péndulo, meditación y otras herramientas energéticas.
Sin embargo, advierte que el camino de la sanación no es simple ni romántico. “Se romantiza mucho la sanación, pero es un proceso doloroso. Te enfrentas a tus sombras, a patrones que debes cambiar. No es magia, es trabajo interno”, señala.
Durante la pandemia, su labor se expandió a través de terapias online, alcanzando a personas de distintos lugares del país. Lejos de disminuir tras el fin de las restricciones sanitarias, la demanda aumentó, consolidando su trabajo y reafirmando su decisión de dedicarse por completo a este camino.
Tras años viviendo en Santiago, Grethel decidió trasladarse junto a su familia al sur de Chile, buscando una vida más tranquila y una mayor conexión con la naturaleza. “En Santiago la paz mental es muy difícil de sostener. Sentíamos que necesitábamos otro ritmo de vida”, comenta.
En este nuevo escenario se integró al centro Libélula, ubicado en Palazuelos 608, un espacio colaborativo que reúne a terapeutas y profesionales del ámbito holístico, con el objetivo de acercar estas prácticas a la comunidad.
“El mundo holístico muchas veces se sataniza por desconocimiento. Cuando la gente entiende que todo esto se basa en el amor y en una conexión espiritual profunda, la mirada cambia”, sostiene.
Actualmente, Grethel Arenas realiza terapias de Reiki, yoga, meditación y acompañamiento energético, además de impartir cursos y formaciones a través de “Nanay Academia Espiritual”, proyecto que nace con una misión clara; expandir conciencia y entregar herramientas para la autosanación. “Yo no quiero que las personas dependan de un terapeuta toda la vida. Quiero que aprendan a hacerse responsables de su propio proceso, que sepan que tienen dentro de sí la capacidad de sanar”, afirma.
Nanay, nombre que da identidad a su proyecto, representa precisamente ese espíritu; un “cariñito para el alma”, un espacio de contención, aprendizaje y reconexión interior. Su trabajo se fundamenta en una espiritualidad abierta, inclusiva y profundamente humana, donde Dios es entendido como una energía presente y amorosa, accesible a todas las personas, sin distinción.
“Todas las religiones le hablan a la misma energía, solo cambian los nombres y las formas. Lo importante es la relación directa y honesta con lo divino”, reflexiona.
En tiempos donde el estrés, la ansiedad y el desgaste emocional se han vuelto parte de la vida cotidiana, propuestas como la de Grethel Arenas Thomann invitan a detenerse y mirar hacia adentro. Un llamado a reencontrarse con la calma, la conciencia y el amor como base de toda sanación.





























