
La cultura es una de las mayores riquezas de los pueblos. A través de sus tradiciones, lenguas, relatos, costumbres y conocimientos ancestrales, las comunidades mantienen viva su historia y construyen una identidad que merece ser conocida más allá de sus fronteras. En ese sentido, los intercambios culturales representan una valiosa oportunidad para acercar territorios, generar aprendizajes y demostrar que, pese a las distancias geográficas, existen raíces y experiencias que unen a las personas.
Con esa convicción, la escritora pitrufquenina María Angélica Martínez Acuña está impulsando una iniciativa que busca concretar un intercambio cultural entre Chile y Estados Unidos, particularmente con comunidades indígenas de ambos territorios. Un desafío que nace de sus propias experiencias familiares y de su interés por dar a conocer la riqueza cultural de Pitrufquén, La Araucanía y, especialmente, de los pueblos originarios que forman parte de nuestra historia.
La idea comenzó a tomar forma durante uno de sus viajes a Estados Unidos, específicamente a Las Vegas y el Gran Cañón, donde conoció antecedentes sobre las tradiciones y encuentros de pueblos indígenas como los navajos y sioux. Aquella experiencia despertó en ella una inquietud: ¿por qué no generar un espacio donde las culturas de ambos territorios puedan encontrarse, compartir sus conocimientos y reconocer aquello que tienen en común?
«Yo miraba todos los letreros que decían Navajo, Sioux y la historia de que ellos se juntaban en el Gran Cañón para el solsticio, donde hacían intercambios de su propia cultura. Entonces pensé, ¿por qué no hacer un intercambio?», relató María Angélica.
Su propuesta contempla que representantes de comunidades de Chile, vinculadas a las raíces mapuche y otras expresiones culturales, puedan viajar a Estados Unidos para compartir sus tradiciones, mientras que integrantes de comunidades indígenas norteamericanas tengan la oportunidad de visitar La Araucanía y conocer de primera fuente su patrimonio, sus paisajes y sus formas de vida.
En este proyecto también cumple un papel importante su familia. Una de sus nietas, Dominique García Hernández, de 29 años, vive en Denver, Colorado, y comparte el interés por fortalecer los vínculos culturales entre ambos países. Además, su familia mantiene raíces vinculadas al pueblo Cherokee, en Oklahoma, lo que permite ampliar el alcance de esta iniciativa y conectar historias que, pese a desarrollarse en distintos territorios, también comparten experiencias de despojo, pérdida de lenguas y debilitamiento de las tradiciones ancestrales.
Para Dominique, este tipo de encuentros tiene un significado especial, principalmente por la necesidad de recuperar y visibilizar la historia de los pueblos indígenas.
«El intercambio cultural es algo muy importante, especialmente para la gente indígena. A muchos pueblos les han quitado su historia, su futuro y su idioma. Por eso es importante conectar con otras personas que han pasado por situaciones similares y mostrar que podemos ser parte de algo más grande, que es unir nuestras culturas», expresó.
La joven también destacó que regresar a Chile y conocer el territorio de su familia le permite fortalecer una conexión que ha mantenido a lo largo de su vida, además de compartir con las nuevas generaciones sus raíces y el valor de pertenecer a distintas culturas.
El agua como punto de encuentro entre culturas
Pero la propuesta de María Angélica y Dominique va más allá de las tradiciones y las expresiones culturales. Uno de los temas que esperan relevar a través de este intercambio es el cuidado del agua y la protección de los recursos naturales, considerando las distintas realidades que existen entre La Araucanía y Colorado, Estados Unidos.
Dominique, quien se desempeña en el área científica y trabaja vinculada al recurso hídrico, conoce de cerca la realidad de un territorio donde la disponibilidad de agua representa una preocupación importante. Por ello, durante su visita al sur de Chile, pudo apreciar la riqueza natural de la zona y reflexionar sobre la responsabilidad que existe en torno a su conservación.
«El agua es vida, es literalmente lo más importante en el mundo. Aunque acá se vea abundante, también se puede acabar. No podemos sobrevivir sin ella y tenemos que aprender a cuidarla», señaló.
Asimismo, planteó que conocer distintas realidades permite comprender la importancia de proteger los recursos naturales, especialmente cuando existen comunidades que han debido enfrentar problemas de escasez hídrica. A su juicio, acercar a las personas a estos territorios y mostrarles sus diferencias puede ser una herramienta para generar conciencia y promover cambios.
María Angélica también recordó experiencias personales que marcaron su relación con el agua, como los días posteriores al terremoto de 2010, cuando su familia permaneció cinco días sin suministro. Una situación que, según relató, le permitió comprender el valor de contar con fuentes naturales de agua y la importancia de protegerlas.
Para ambas, este recurso representa mucho más que un elemento natural: es un vínculo que conecta a los pueblos, sus territorios y sus formas de entender la vida.
Un desafío para proyectar la identidad local más allá de las fronteras
Con esta iniciativa, María Angélica Martínez busca que la cultura de Pitrufquén y de La Araucanía pueda llegar a otros lugares del mundo, generando oportunidades para que sus habitantes conozcan otras realidades y, al mismo tiempo, puedan compartir aquello que hace único a su territorio.
Su propósito es demostrar que el patrimonio cultural no debe quedarse solamente en las comunidades donde nace, sino que también puede viajar, encontrarse con otras historias y enriquecerse mediante el diálogo y el aprendizaje mutuo.
«El color también se puede exportar y se puede trasladar», expresó la escritora, al referirse a la posibilidad de mostrar en otros territorios la riqueza natural y cultural del sur de Chile.
Así, este proyecto se transforma en un desafío que busca unir generaciones, recuperar historias y fortalecer el reconocimiento de los pueblos originarios, utilizando la cultura y el cuidado del agua como puntos de encuentro.
Una iniciativa que aspira a llevar un pedacito de Pitrufquén y de La Araucanía hasta Estados Unidos, pero también a traer nuevas experiencias y conocimientos a la comuna, demostrando que las fronteras no tienen por qué ser un límite para compartir la identidad, las raíces y la historia de los pueblos.