Por periodista, máster en dirección de comunicación y magíster en gerencia pública, Viviana Urrutia

Bastarían 48 horas de no contar con su labor para que nuestras ciudades colapsaran. Chile ostenta el vergonzoso título de liderar la generación de basura per cápita en Sudamérica, produciendo un promedio de 1,26 kilos de residuos diarios por persona. El rol en salud ambiental que desempeñan los recolectores de basura es indiscutible, pero debieron ayudarse a sí mismos para avanzar en dignidad. La Ley N°21.776 es fruto de su lucha por ser considerados trabajadores con derechos plenos, que consiguieron visibilizar desde el año 2013.
Entre los logros que fueron alcanzando a partir de ese año y que terminó de plasmarse en la mencionada Ley, se incluyen privilegiar en las licitaciones a empresas que les ofrecieran mejores condiciones, contar con bonos equivalentes a los de trabajadores municipales, aunque en su mayoría se desempeñen para empresas privadas que prestan servicios a estas entidades y otros derechos laborales esenciales.
Fue así que hace menos de un año, el 30 de octubre de 2025 se puso en vigencia la Ley N°21.776, a fiscalizar desde el 1 de abril de 2026, que exige que los trabajadores dedicados a la recolección de residuos, incluyendo a quienes barren las calles, conducen los camiones y quienes los cargan, llamados peonetas, cuenten con condiciones específicas de higiene, seguridad y salud.
Dentro de tales obligaciones se encuentran que dispongan de baños, duchas, vestidores y comedores “limpios”. Enfatizo entre comillas esa palabra que suena redundante, porque si la ley así lo define, lo que existiera antes no tenía esa cualidad básica para cualquier trabajador. También, deben acceder a agua potable, capacitación en salud y seguridad en el trabajo, provisión de elementos de protección personal y que se los monitoree en programas de vigilancia epidemiológica por su exposición a factores de riesgo.
Este justo avance que obtuvieron solos, demuestra el enorme descuido de nuestra sociedad hacia estos trabajadores, indispensables para nuestra salud y bienestar. Ellos no desempeñan esta actividad productiva por iniciativa propia en condiciones precarias. Son trabajadores privados en su mayoría, que dependen de los municipios, entidades financiadas con recursos de todos los que habitamos este país.
Hoy celebran por cuarto año su Día Nacional, reconocimiento necesario y merecido. Además de la importancia de su papel, me parece que son de los trabajadores asociados a las municipalidades que, como ciudadanía, que percibimos más amables, respetuosos y atentos.
Una retribución mínima y de respeto hacia su integridad para el cuidado de su salud, es envolver con dedicación y rigurosidad todos los desechos cortopunzantes o aquellos que puedan generarles lesiones, porque sabemos que realizan de forma muy veloz su trabajo, aumentando el riesgo.
En su Día, expreso en nombre de muchos, nuestra gratitud y admiración por su imprescindible función, por su cortesía, aunque estén agotados y contra el tiempo bajo lluvia o sol y su valentía para darse el lugar que les corresponde, como trabajadores dignos y equivalentes a los de las demás actividades productivas.
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