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Ingeniera en alimentos crea su propia receta de trufas en Pitrufquén, donde la ciencia se transforma en emprendimiento y sabor

Con voz firme lo dice desde el inicio; Mabel Rivas Pérez. Valdiviana de origen, ingeniera en alimentos de profesión y emprendedora por vocación, lleva casi 18 años en Pitrufquén, comuna a la que llegó por razones laborales. Hoy, tras años dedicada al desarrollo de productos en la industria, decidió transformar su conocimiento técnico y su amor por la repostería en un proyecto propio; trufas artesanales de alta calidad que prometen más que un simple bocado, una experiencia.

“Soy de Valdivia, estudié ingeniería de alimentos y por razones de trabajo llegué a Pitrufquén hace 18 años”, relata. Durante años se desempeñó en el área de desarrollo de productos, creando fórmulas, ajustando ingredientes, afinando cantidades exactas para garantizar calidad y estandarización. Un trabajo metódico, preciso, donde nada quedaba al azar.

Y es justamente esa rigurosidad técnica la que hoy aplica en su emprendimiento chocolatero.

De la pandemia al punto de partida

Aunque la repostería siempre fue parte de su vida, durante mucho tiempo quedó reservada al círculo familiar. “A mí siempre me ha gustado el mundo dulce. Todo lo hacía para la familia”, cuenta. Fue en pandemia cuando decidió perfeccionarse y tomó diversos cursos online, especialmente en chocolatería, con el chef Gustavo Sáez, especialista en el área.

Ahí nació su interés por las trufas. Comenzó haciendo pruebas en casa. La familia aprobó. Luego colegas y cercanos. Las reacciones se repetían; ¿por qué no venderlas? El tiempo era el gran obstáculo. Hasta que la vida le abrió un espacio inesperado y decidió atreverse.

“Era una idea que siempre estuvo ahí, sobre todo en la monotonía del trabajo. Pensaba que si algún día no estaba en un trabajo fijo, me dedicaría a la repostería”.

Hoy ese “algún día” es presente.

Ciencia y precisión al servicio del sabor

Lejos de ser un pasatiempo improvisado, el proyecto tiene una base sólida, que es su formación profesional. “En mi trabajo me dedico a desarrollar productos, a crear fórmulas. Ver qué ingredientes agregar y por qué, en qué cantidades, para que sea un producto de calidad. Acá es lo mismo”, explica.

En sus trufas nada es al azar. Cada ingrediente tiene una razón de ser. Cada gramo está medido. Una vez que encuentra la fórmula perfecta, la estandariza para que el sabor sea siempre el mismo. “No puedo reemplazar un chocolate amargo por un sucedáneo. No va a ser lo mismo. Tiene que ser siempre el producto que corresponde”.

Y ahí está uno de sus sellos, utiliza chocolate real, no sucedáneos. Eso se nota.

Trufas que se deshacen en la boca

Actualmente trabaja tres variedades, todas elaboradas con ganache de chocolate auténtico y un toque de licor. Whisky, bañada en chocolate de leche, ron cubierta en chocolate oscuro y amaretto bañada en chocolate blanco

Son trufas pensadas para adultos, delicadas y sofisticadas. Pero lo que realmente las distingue es la textura. “Uno lo come y se deshace en la boca”, explica. No es ese chocolate que queda pegado en el paladar. Es suave, cremoso, envolvente. Un sabor diferente, intenso pero equilibrado.

La experiencia —porque ella habla de experiencia más que de producto— es cerrar los ojos, dejar que el chocolate se funda lentamente y acompañarlo, quizás, con una copa de vino. Compartir. Disfrutar. Hacer una pausa.

“Hoy la gente busca algo distinto. No es solo alimentarse, es vivir una experiencia. También quieren saber qué hay detrás del producto”, reflexiona. Detrás, en este caso, hay ciencia, técnica, pasión y mucha dedicación.

Un emprendimiento que recién comienza

Aunque lleva tiempo perfeccionándose, su proyecto está dando sus primeros pasos formales. Recibe pedidos especiales para fechas como san Valentín, día de la mujer o cumpleaños, y trabaja principalmente a pedido. También elabora galletas decoradas con royal icing y tortas, porque —como dice entre risas— “todo lo dulce me encanta”.

Los pedidos se realizan a través de WhatsApp mientras define el nombre definitivo de la marca. “Me cuesta”, reconoce, admitiendo que incluso aceptar esta entrevista no fue fácil. Es su primer emprendimiento y cada paso es aprendizaje.

Lo que no está en duda es la convicción; apostar por calidad antes que cantidad. “No es lo barato. Es un producto de calidad. Esa es la idea”.

Quienes deseen probar sus trufas pueden contactarla al +56 9 8225 3236

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