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José Tomás Jiménez Romero: fuerza, disciplina y resiliencia para llevar el nombre de Pitrufquén a lo más alto del armwrestling

A sus 28 años, José Tomás Jiménez Romero ha convertido la fuerza, la disciplina y la perseverancia en los pilares de una carrera deportiva que busca seguir creciendo y conquistar nuevos desafíos. Nacido y criado en Pitrufquén, comenzó hace seis años en la calistenia, entrenando inicialmente en su propia casa y luego en plazas y espacios públicos de la comuna. Hoy, tres años después de descubrir la lucha de brazos o armwrestling, se dedica de lleno a esta exigente disciplina, donde ya consiguió convertirse en campeón nacional profesional en la categoría de -100 kilos.

Su historia deportiva comenzó de una manera tan sencilla como particular. Ante la falta de barras para practicar calistenia en Pitrufquén, encontró en un árbol el lugar donde entrenaría durante un año, realizando dominadas y llevando su cuerpo al límite para alcanzar un alto nivel. “Inicié entrenando hace seis años calistenia en mi casa y después en la plaza. Como en Pitrufquén no habían barras, hacía dominadas en un árbol. Literalmente estuve dándolo todo ahí durante un año”, recuerda José Tomás.

Fue precisamente durante ese período cuando apareció la disciplina que terminaría cambiando su rumbo deportivo. Su amigo Ignacio Anabalón lo invitaba constantemente a enfrentarse en los tradicionales “gallitos” y contaba con una mesa para practicar lucha de brazos. Para José Tomás, aquello rápidamente se transformó en mucho más que un simple desafío entre amigos.

“Siempre me gustaron los gallitos desde el colegio. Me fascinaba sentir que era el más fuerte. Ahí empecé a practicar con mi amigo Ignacio y poco a poco fui conociendo este deporte hasta apasionarme completamente”, relata.

De un desafío entre amigos a los podios nacionales

Su debut competitivo llegó en una competencia comunal realizada en Freire, donde obtuvo el primer lugar. Ese resultado fue solo el comienzo. Posteriormente, participó en el regional de Talca 2024, en la categoría Amateur -80 kilos, consiguiendo el primer lugar con ambos brazos. Ese resultado le permitió dar el salto a la categoría profesional.

Desde entonces, su trayectoria ha estado marcada tanto por triunfos como por momentos difíciles que terminaron fortaleciendo su carácter deportivo.

Entre sus experiencias destaca una vendetta profesional, donde consiguió imponerse con el brazo derecho, aunque cayó con el izquierdo. Más tarde, compitió en la categoría -85 kilos profesional en Santiago durante 2024, torneo en el que no obtuvo el resultado esperado pese a su preparación.

Lejos de abandonar, aquella experiencia se convirtió en un punto de inflexión.“Ese torneo me hizo dudar de si realmente servía para este deporte, pero me hizo aprender y me levanté. Mi competitividad no me permitiría aceptar que no era capaz”, afirma.

En 2025 decidió subir de categoría y competir en -100 kilos profesional. Su preparación le permitió alcanzar el tercer lugar con el brazo derecho en Talca, resultado que además le significó clasificar al panamericano de Argentina de ese año, aunque finalmente no pudo participar por motivos externos.

En 2026 regresó con aún más determinación. En el nacional clasificatorio disputado en Santiago logró convertirse en campeón nacional con el brazo izquierdo y obtuvo el tercer lugar con el derecho, resultados que le permitieron clasificar al sudamericano de Argentina. Sin embargo, nuevamente circunstancias externas le impidieron viajar.

Pero la historia todavía tendría otro capítulo.

Un nuevo título nacional en Talca

El pasado 8 de agosto, José Tomás volvió a competir en Talca, esta vez en el nacional organizado por el club Halcones, enfrentándose a los mejores exponentes de la categoría -100 kilos profesional.

La jornada terminó con dos nuevos podios: campeón nacional con el brazo derecho y segundo lugar con el brazo izquierdo.

En la competencia de izquierda fue superado por Luis Ebner, a quien reconoce como un destacado especialista en esa modalidad. Sin embargo, con el brazo derecho mostró una actuación sólida que le permitió quedarse con el primer lugar.

La competencia, como todas las que ha disputado, estuvo cargada de adrenalina. Pero también puso nuevamente a prueba su fortaleza mental. “Cuando pierdes en izquierda te hace dudar un poco, pero con mentalidad hay que levantarse”, sostiene.

El resultado significó para él mucho más que dos medallas. Representa el fruto de meses de sacrificio, entrenamiento y concentración. “Es fruto del esfuerzo, el foco y el trabajo que he dedicado. Es muy valioso para mí”, destaca.

Seis días de entrenamiento y una vida dedicada al deporte

Detrás de cada podio existe una preparación que exige constancia y sacrificios. José Tomás entrena normalmente seis días a la semana, con sesiones que pueden extenderse entre dos y cinco horas, dependiendo del período y de la metodología utilizada.

Su preparación combina ejercicios de fuerza general y trabajos específicos para la lucha de brazos. Entre ellos se encuentran dominadas con lastre, press banca, press militar y fondos con peso adicional, además de ejercicios para el tren inferior y una gran cantidad de movimientos destinados a fortalecer brazos, manos y muñecas.

“Son entrenamientos muy duros, con cargas muy pesadas, llevando al límite mi cuerpo. Depende mucho del período de entrenamiento y de las metodologías que esté aplicando para mejorar”, cuenta.

La preparación más intensa comienza especialmente tres meses antes de una competencia. Pero para él, la fortaleza no solo se construye físicamente. “En mi mente formulo la idea de que soy el número uno y que nada ni nadie me va a detener. Dios está conmigo y nada es más grande que Él”, expresa.

Mantener este nivel implica también renuncias personales. No beber alcohol, no fumar y dejar de lado algunas actividades familiares o con amigos son parte de los sacrificios que ha asumido para alcanzar sus objetivos. “Implica no tener una vida ‘normal’. Hay que sacrificar días familiares importantes o con amigos y dedicar mucho tiempo a la preparación”, reconoce.

Para José Tomás, la lucha de brazos no solo le ha permitido desarrollar fuerza física. También ha sido una escuela para enfrentar las derrotas, levantarse y volver a intentarlo. “Este deporte me ha enseñado definitivamente resiliencia. Las cosas cuestan más de lo que uno piensa, pero siempre se puede si le pones el foco”, señala.

Cada competencia, incluso aquellas en las que no obtuvo el resultado esperado, ha contribuido a formar su carácter y reforzar una convicción que hoy lleva consigo dentro y fuera de la mesa.

Y ese aprendizaje también está estrechamente ligado a sus raíces. Aunque actualmente reside en Freire, José Tomás recalca con orgullo que es nacido y criado en Pitrufquén, comuna que espera seguir representando en cada competencia. “Quiero dejar en lo más alto de dónde vengo y que el mundo conozca Pitrufquén”, enfatiza.

El sueño de convertirse en el mejor de Chile

Su mirada ya está puesta en los próximos desafíos. En noviembre se desarrollará un nuevo nacional en Chillán, competencia que actualmente está evaluando disputar, especialmente porque también se encuentra preparando a varios deportistas que participarán en ese torneo.

Además, proyecta nuevas vendettas profesionales y competencias durante los próximos años, con la mirada puesta incluso en el panamericano de 2028 que se realizará en Perú.

Pero antes de cualquier competencia internacional, existe un objetivo claro: seguir escalando posiciones en el ranking absoluto chileno hasta convertirse en el mejor.

Su meta final es todavía más ambiciosa: convertirse en el mejor exponente nacional y llevar el nombre de Chile a lo más alto del escenario internacional.

Aunque la lucha de brazos es un deporte individual, José Tomás sabe que detrás de cada logro existe una red de personas que ha acompañado su camino.

Por eso, sus primeros agradecimientos son para sus padres, quienes siempre han estado apoyándolo, además de sus amigos y, especialmente, su tía Claudia, a quien atribuye una particular influencia en su mentalidad competitiva. “A mi padre y mi madre, que siempre me han apoyado; a mis amigos y a mi tía Claudia, que me lavó el cerebro y me hizo creer que soy el mejor”, comenta seguro.

Hoy, con varios títulos nacionales en su trayectoria y una determinación intacta, José Tomás Jiménez Romero continúa entrenando con la misma intensidad con la que comenzó aquel camino hace seis años, cuando una simple necesidad —encontrar dónde hacer dominadas— lo llevó a entrenar durante horas en un árbol de Pitrufquén.

Desde entonces, ha cambiado la plaza y el árbol por las mesas de competencia, las medallas y los escenarios nacionales. Pero mantiene intacta la esencia que lo llevó a comenzar: las ganas de superarse, competir y demostrar hasta dónde puede llegar.

Para quienes recién están pensando en iniciarse en este deporte, su mensaje es directo: “Es un deporte muy competitivo, siempre se puede mejorar, no importa de dónde vengas ni cómo estés hoy. Solo debes esforzarte y tener fe de que lo lograrás. Hay que trabajar duro para esto, pero con convicción y disciplina todo es posible”.

Y así, entre entrenamientos de hasta cinco horas, sacrificios, derrotas, victorias y una mentalidad que no acepta límites, José Tomás sigue construyendo su camino en la lucha de brazos, con un objetivo que va mucho más allá de una medalla: ser el mejor de Chile y llevar el nombre de Pitrufquén cada vez más lejos.

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