
La idea del líder político del Partido Nacional Libertario, de cerrar el Ministerio del Deporte abre una discusión
que va mucho más allá de lo ideológico. Está claro que detrás de esta idea hay poco conocimiento de la realidad
del país: de las comunas, de las organizaciones deportivas, de los clubes y de cómo el deporte forma parte de
nuestra cultura. Este es el riesgo de la política populista reducida al eslogan que busca la frase fácil y la primera
plana, sin detenerse a mirar lo que ocurre en los territorios.
¿Pero qué significa realmente el deporte para una comuna como Lonquimay? Aquí la respuesta es concreta:
MUCHO.
A pesar de nuestra distancia, geografía y dificultades climáticas, Lonquimay ha tenido y tiene grandes
deportistas y buenos resultados a nivel regional y nacional en distintas disciplinas. Pero el deporte no es
solamente competencia, hoy ya es parte de nuestra cultura y de nuestra forma de vida.
Está en la multicancha de Las Avutardas, de la Copec y en las canchas rurales de Pehuenco y Pedregoso. Estuvo
en la Polideportiva, en los equipos de canotaje y en los futboleros de siempre. Está en el futsal, el bádminton,
el básquetbol, el taekwondo, el tenis que vuelve a crecer, el voleibol, el fútbol rural y en nuestros tradicionales
deportes de nieve.
Está también en el nacimiento del trail running, de los niños triatletas, en los gimnasios particulares, en las
escuelas deportivas municipales y, sobre todo, en nuestros clubes, dirigentes, entrenadores, familias y
deportistas.
En resumen: somos una comuna deportiva. El desafío ahora es dar el siguiente paso.
El año pasado escribí una columna titulada “Lonquimay, capital del deporte: del asistencialismo al desarrollo
con propósito”. Hoy creo que esa idea es posible. Y más importante aún: ya está comenzando a ocurrir. Lo
vemos en pequeña escala, pero está ocurriendo.
Podemos convertir el deporte en un verdadero eje de desarrollo comunal: mejorar infraestructura; un
polideportivo, techar la cancha de tenis, fortalecer clubes y organizaciones, apoyar el deporte competitivo,
generar más escuelas deportivas, traer más competencias regionales y nacionales a Lonquimay.
¿Por qué no transformar nuestras condiciones geográficas en una ventaja? ¿Por qué no hacer de Lonquimay
un lugar donde también se venga a competir, entrenar y vivir el deporte?
No será fácil, pero es posible. Y tenemos una ventaja: no partimos de cero. Tenemos deportistas, clubes,
organizaciones, entrenadores, profesores, infraestructura, territorio e historia. Tenemos, sobre todo, una
cultura deportiva que se ha construido durante generaciones. Lonquimay no tiene que esperar para
convertirse en una comuna deportiva, ya lo somos. El desafío ahora es tomar esa realidad, fortalecerla y
convertirla en una verdadera política de desarrollo comunal. Dar el siguiente salto no es un sueño: es una
decisión. Y sí, es posible.
FERNANDO ZURITA PINO
FUNDACIÓN LONQUIMAY CONECTA































