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Pablo Godoy, observador meteorológico de Pitrufquén, sobre inusual comportamiento climático: “El invierno podría ser más largo”

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Con un marzo que inició con lluvias intensas y un febrero que dejó postales inusuales de nieve en plena temporada estival, La Araucanía enfrenta un escenario climático que inquieta. Lo que antes era excepcional hoy comienza a repetirse con mayor frecuencia; olas de calor prolongadas, tormentas eléctricas reiteradas, nevadas tempranas y una sensación térmica cada vez más extrema. En ese contexto, la pregunta ya no es si el clima está cambiando, sino cómo lo estamos percibiendo y enfrentando.

El profesor Pablo Godoy, observador meteorológico aficionado de la comuna de Pitrufquén, ha seguido de cerca estos fenómenos desde hace años, recopilando antecedentes, conversando con habitantes cordilleranos y contrastando señales naturales con registros técnicos. Desde su mirada, el actual comportamiento atmosférico no puede analizarse como un hecho aislado.

“El otoño se nos adelantó mucho, eso en relación a lo que habitualmente estamos acostumbrados en la región. Nosotros nos regimos por el tema cordillerano, que es nuestro regulador térmico y oceánico”, explicó.

En La Araucanía, la cordillera actúa como una pared natural que regula la humedad que ingresa desde el océano Pacífico. Cuando los sistemas frontales avanzan hacia el interior, chocan con esa barrera montañosa y, dependiendo de la temperatura en altura, se generan lluvias o nevadas.

“Para que caiga nieve se debe dar una condición de isoterma baja. La humedad que entra del océano se topa con esa pared fría, la gota se congela y cae nieve. Eso es lo que pasa en invierno, en junio o a fines de mayo, no en febrero”, sostuvo el meteorólogo aficionado.

Sin embargo, hace apenas semanas, sectores cordilleranos como Lonquimay registraron nevadas en pleno verano. El centro de montaña Corralco, el Volcán Villarrica y otros macizos aparecieron completamente cubiertos de blanco. “Cuando decían qué hermosa la postal, yo decía que no podía alegrarme con eso. Veníamos de un enero prácticamente completo sobre los 30 grados, con peaks de 32 y 33 en varios lugares. Y de golpe llegamos a un febrero con nieve. No está bien, no es normal”, afirmó.

El mensaje de la naturaleza y la sabiduría pehuenche

Más allá de los registros técnicos, Godoy buscó respuestas en la experiencia de quienes habitan históricamente la cordillera. Conversó con habitantes de sectores de altura, quienes observan el comportamiento de la araucaria como indicador natural.

“La araucaria, botó el piñón en febrero. Le pregunté si eso era normal y la respuesta fue un ‘sí, a veces ocurre’, pero no con convicción. No es lo habitual, y para el pehuenche no es saludable”, relató.

La abundancia de piñón en febrero puede parecer positiva desde lo comercial, pero culturalmente implica otra lectura. “Si el piñón cae antes, significa que lo vas a necesitar antes. Si lo guardas en febrero es porque el invierno podría ser más largo. La naturaleza te va enseñando. Esa es la sabiduría ancestral”, reflexionó.

Desde esa perspectiva, nevadas tempranas, caída anticipada del fruto y cambios en la floración de especies como el aromo, que tradicionalmente florece en primavera y ahora lo hace a fines de julio, serían señales de un desajuste en los ciclos estacionales.

“Si el aromo florece antes, significa que la primavera se está adelantando. Y si la araucaria se adelanta, podría indicarnos que el invierno será más largo y más frío. Eso ya es un patrón”, enfatizó.

Veranos más extremos, inviernos más prolongados

El análisis del profesor también se sustenta en los registros térmicos recientes. En comunas como Angol, las temperaturas han alcanzado los 39 grados, mientras que la zona sur de la región – Loncoche, Pucón, Villarrica y Curarrehue – concentra los mayores montos de lluvia cada vez que ingresa un sistema frontal.

“Antes hablábamos de 28 o 29 grados como máxima habitual en verano y 30 cuando había ola de calor. Hoy tenemos tres días seguidos de 34 o 35 grados. Eso es un aumento claro”, indicó.

Pero advierte que el calentamiento global no significa únicamente más calor. “Cuando se nos calienta mucho, después se nos enfría mucho. Es la pasada de cuenta al revés. Si tenemos frío temprano en la cordillera y nieve acumulada desde febrero, cada sistema frontal que entre va a chocar con esa pared fría y puede generar más nieve en precordillera. Podríamos tener un invierno helado, con máximas de 7 grados en el valle”, explicó.

Una situación así implicaría mayor uso de calefacción y, por ende, mayor contaminación atmosférica, generando un círculo que también influye en el sistema climático.

Otro antecedente que llamó su atención proviene de estudios científicos en la zona cordillerana. “Una científica está estudiando la nieve de Corralco y ha detectado que satelitalmente cada vez está más oscura. Eso significa mayor presencia de partículas de carbón”, comentó.

Según explicó, el humo generado en ciudades del valle es transportado por los vientos hacia la cordillera. “Si la nieve tiene más carbón, se derrite antes. Es física básica. Eso cambia los ciclos de acumulación y deshielo”, sostuvo.

Más tormentas y mayor humedad

A las lluvias más intensas se suma otro fenómeno reiterativo desde 2020; las tormentas eléctricas frecuentes y prolongadas. “Antes uno decía ‘está tornando’ y era algo puntual. Hoy tenemos eventos intensos casi todas las semanas. Si tengo más lluvias y más temperaturas altas, se genera vaporización. Esa humedad aumenta la nubosidad y favorece tormentas”, detalló.

De acuerdo con las proyecciones que ha revisado, marzo aún tendrá días cálidos, entre 26 y 29 grados, antes de nuevos sistemas frontales. Sin embargo, la tendencia apunta a un otoño más lluvioso y con máximas superiores a lo habitual.

“Ese desorden es parte de la transición, pero ahora vemos señales de que el otoño será más corto y el invierno más largo”, afirmó.

Para el profesor Godoy, el cambio climático no puede entenderse como un solo fenómeno aislado. “El cambio climático no lo puedo ver como un evento. Tengo que sumar eventos. Desde el 2020 estoy viendo cosas raras; muchas tormentas eléctricas, esta nevada de verano, olas de calor más intensas. Cuando empiezas a sumar, te das cuenta de que algo está pasando”, concluyó.

Mientras La Araucanía transita entre días templados y jornadas frías propias de otra estación, la invitación es a observar con atención. Las montañas, los árboles y los ciclos naturales parecen estar enviando señales claras. Y, como señala el propio Godoy, “la naturaleza nos está mostrando que nuestro clima sí está cambiando; el punto es si estamos dispuestos a leer esas señales a tiempo”.