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“Todo nació de un sentimiento”: Saúl Ignacio y su camino entre la música, el baile y la vida desde Pitrufquén

En un mundo donde muchas veces el arte se percibe solo como espectáculo, hay historias que lo devuelven a su esencia más profunda; la de ser un lenguaje emocional, una herramienta de transformación y un puente entre las personas. Así es el camino de Saúl Ignacio Valdés Salazar, joven de 24 años, oriundo de Pitrufquén, quien ha logrado entrelazar la música, el baile, la pedagogía y la psicología en una propuesta artística tan íntima como poderosa.

Desde sus inicios, el arte no fue una decisión planificada, sino una consecuencia natural de lo que sentía por dentro. “Primero empecé por las batallas de freestyle… antes escuchaba puro reggaetón, pero un compañero me mostró el hip hop y ahí cambió todo”, recuerda. Ese primer acercamiento lo llevó a escribir, a improvisar y finalmente a grabar sus primeras canciones entre 2016 y 2017, con apoyo de otro artista urbano de la zona.

Sin embargo, como ocurre en muchos procesos juveniles, el camino no fue lineal. El entorno de las batallas callejeras lo llevó a tomar distancia, impulsado también por la preocupación de su familia. Pero lejos de abandonar el arte, Saúl lo transformó. “Nunca dejé de escribir poesía… siempre me gustó mucho lenguaje”, comenta, evidenciando cómo la palabra se convirtió en refugio y motor creativo.

Fue en la enseñanza media, en el Liceo Leonardo da Vinci, donde el cuerpo comenzó a hablar con la misma fuerza que la voz. Ingresó a un taller de danza en segundo medio, siendo el único hombre en un espacio mayoritariamente femenino. “Sentía como un fuego interno, aunque no me moviera muy bien al principio”, confiesa. Esa intuición lo llevó a persistir hasta alcanzar uno de los hitos más importantes de su formación; una beca en 2019 con el reconocido dúo Power Peralta, experiencia que lo trasladó durante dos meses a Santiago.

“Fue una bomba de información… conocí muchos estilos: hip hop, contemporáneo, ballet, afro, reggaetón. Pero más que eso, aprendí el esquema mental que uno necesita para bailar”, explica. Aquella vivencia no solo perfeccionó su técnica, sino que le permitió comprender la danza como un lenguaje integral, donde mente, emoción y cuerpo se alinean.

Esa misma visión lo llevó a tomar una decisión clave; estudiar pedagogía en educación física. Aunque inicialmente su interés estaba en la psicología, encontró en la enseñanza una forma concreta de integrar sus pasiones. “Hoy entiendo que tuvo todo el sentido… tener ese respaldo profesional me dio seguridad”, afirma.

Actualmente, Saúl no solo crea, sino que también guía procesos. A través de clases de baile urbano trabaja directamente con personas —muchas de ellas buscando bienestar emocional—, donde su rol trasciende lo físico. “Llegan con una energía, con timidez, con cargas del día… y mi trabajo es que se vayan distintos, más felices”, señala.

En ese espacio, la psicología se hace presente de manera natural. La conexión con las emociones, la confianza corporal y la expresión personal se convierten en pilares de cada clase. “El baile urbano no es solo moverse, es sentir la música desde el primer sonido y expresarla con tu cuerpo”, explica.

Paralelamente, la música volvió a tomar protagonismo hace tres años, esta vez con una identidad más madura. Sus composiciones nacen desde la poesía, pero también desde una exploración emocional más profunda. “La poesía me enseñó a conectar con mis emociones… incluso con una energía que a los hombres a veces les cuesta expresar”, reflexiona.

Su canción “Eso tú lo sabes” marca este retorno, abordando temas como la familia, el amor y la superación. Más recientemente, estrenó “¿Dónde vas?”, consolidando un estilo que fusiona lo urbano con una narrativa íntima.

Uno de los momentos más significativos de su carrera fue su presentación en el aniversario de su comuna, donde no solo cantó, sino que ofreció un espectáculo completo, integrando coreografía y puesta en escena. “Fue un mes de preparación… pensar qué emoción iba primero, cómo conectar con la gente”, relata.

El apoyo familiar ha sido clave en este proceso. “Gracias a ellos tengo valores… en este camino uno se encuentra con muchas cosas, y eso te guía”, reconoce.

Hoy, Saúl Ignacio proyecta un 2026 cargado de nuevos lanzamientos y exploraciones musicales, con influencias que van desde el reggaetón hasta el bounce. Además, ha comenzado a abrirse camino en escenarios más amplios, destacando su reciente participación como telonero del artista urbano Saintcattiveria.

Pero más allá de los logros, su mensaje apunta a lo esencial; la autenticidad y la constancia. “Todo nació de un sentimiento… y eso es lo que me mantiene. Nada es imposible, pero hay que creer en uno mismo y no perderse en las distracciones”, aconseja.

Así, entre pasos de baile, versos y melodías, Saúl Ignacio construye mucho más que una carrera artística; construye un propósito donde el arte educa, sana y conecta. Una historia que demuestra que, cuando la pasión se une con la disciplina y el sentido humano, el resultado trasciende cualquier escenario.

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