
La tasa de desocupación nacional alcanzó un 9,1% en el trimestre febrero-abril de 2026, su nivel más alto en casi cinco años, según la última Encuesta Nacional de Empleo del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). La cifra representa un aumento de 0,3 puntos porcentuales en doce meses y estuvo impulsada por un crecimiento de la fuerza de trabajo superior al aumento de las personas ocupadas. Además, el desempleo femenino llegó al 10,5%, mientras que en los hombres fue de 8,0%.
En tanto la desocupación entre los jóvenes alcanzó 24,9% y, en el caso de las mujeres de 15 a 24 años, escaló a 29,6%, según cifras del INE.
En este escenario, la situación de los jóvenes continúa siendo una de las principales preocupaciones del mercado laboral. Para Sandra Bravo, economista e investigadora del Instituto de Políticas Públicas de la Universidad Andrés Bello, el desempleo juvenil responde a factores estructurales que se han visto profundizados por el menor dinamismo económico y la transformación del mundo del trabajo.
“La desocupación juvenil suele ser entre dos y tres veces superior a la tasa de desempleo total en la mayoría de los países, por lo que no es un fenómeno exclusivo de Chile. Sin embargo, su nivel es preocupante y responde a una combinación de factores estructurales y coyunturales que hoy se ven acentuados por el menor dinamismo económico y los avances en automatización”.
La paradoja del primer empleo
La especialista explica que, en períodos de bajo crecimiento, las empresas tienden a privilegiar trabajadores con experiencia, dificultando el ingreso de quienes buscan su primera oportunidad laboral.
“Para conseguir un empleo se les exige experiencia, pero solo pueden adquirirla a través de un primer trabajo. Esa paradoja dificulta la inserción laboral y hace que muchos jóvenes queden atrapados en un círculo del que resulta difícil salir”.
A ello se suma que quienes logran ingresar al mercado laboral suelen hacerlo mediante contratos temporales o de prueba, que son los primeros en verse afectados cuando la economía pierde dinamismo.
Además, la automatización está reemplazando muchas tareas rutinarias que históricamente constituían la puerta de entrada al empleo, mientras persiste una brecha entre las competencias que desarrollan los jóvenes y las habilidades que hoy demandan las empresas, especialmente en materia digital y experiencia práctica.
Mujeres jóvenes enfrentan una doble desventaja
Aunque el desempleo femenino alcanzó un 10,5% según el INE, la académica advierte que, entre las mujeres jóvenes, las dificultades son aún mayores debido a la combinación de barreras laborales y desigualdades de género.
“A las dificultades propias del ingreso al mercado laboral se suman mayores responsabilidades de cuidado, una mayor concentración en sectores con menor capacidad de generar empleo y trayectorias laborales más interrumpidas, muchas veces por maternidad temprana. Esta combinación de factores amplía la brecha respecto de los hombres jóvenes”.
¿Cómo impulsar un primer empleo de calidad?
Frente a este escenario, Sandra Bravo sostiene que las políticas públicas deben enfocarse en generar una inserción laboral estable y no solo aumentar las contrataciones de corto plazo.
“Una política de primer empleo debe combinar incentivos bien focalizados para la contratación con capacitación en el puesto de trabajo o modelos de aprendizaje dual. Las iniciativas que solo entregan un beneficio económico, sin fortalecer competencias, suelen mostrar menores niveles de permanencia laboral”.
La investigadora agrega que estas políticas también deben evitar efectos indeseados, como el reemplazo de trabajadores o el despido de jóvenes una vez finalizados los subsidios.
“Es importante priorizar a las pequeñas y medianas empresas, fortalecer los sectores con mayor potencial de crecimiento e incorporar incentivos que favorezcan la permanencia en el empleo”.
Finalmente, enfatiza que las estrategias de inserción laboral deben considerar las distintas realidades que enfrentan los jóvenes.
“No todos enfrentan las mismas barreras. En el caso de las mujeres jóvenes es indispensable incorporar medidas que faciliten la conciliación entre trabajo y responsabilidades de cuidado, además de fortalecer la intermediación laboral y evaluar permanentemente los resultados para asegurar una inserción estable y de calidad”.































