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Biodanza: activar mediante el ritmo propio, las claves de la calidad de vida

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Por Viviana Urrutia, periodista, master en dirección de comunicación y magíster en gerencia pública

La mayor cualidad de la biodanza es fortalecer las áreas sanas de la persona, que con el paso del tiempo y los desafíos incesantes de las distintas etapas del ciclo vital suelen ir perdiendo protagonismo. Entonces, aparece la necesidad de buscar los necesarios apoyos para recuperar equilibrio.  

De hecho, basta practicar biodanza solo una vez a la semana para que el cerebro se conecte con la vitalidad y los otros cuatro ejes existenciales, que nos ayudan a vivir de manera plena, aunque estemos enfrentando dolencias físicas o emocionales, siendo un complemento potenciador de terapias que apuntan a resolver nuestras dificultades.

Otras virtudes de la disciplina es que no exige ninguna condición especial, porque no se trata de una coreografía ni su foco es la actividad física. Una persona con movilidad reducida puede practicar y beneficiarse con la biodanza.

La mejor forma de definir biodanza es conexión personal cuerpo y emoción y además, conexión con el grupo, entendiéndolo como símbolo de la vida en el mundo, usando música seleccionada por parte de quien guía la sesión, que está pensada en las áreas que concentran los cinco pilares vitales.

Los cinco cimientos existenciales que se trabajan en biodanza son primero la afectividad, la necesaria sensibilidad con uno mismo y con quienes nos rodean; creatividad, para construir nuestro propio camino y aportar al del resto; en tercer lugar, la capacidad de disfrutar, que nos nutre de alegría, permite vivir el momento presente y anula la negatividad; vitalidad, implícita en nuestro amor por vivir y el quinto es trascendencia, que nos recuerda el valor de ser parte de un todo.

Adicionalmente, la biodanza no se limita a edades ni situaciones específicas. Funciona a la perfección tanto en niños como en adultos y adultos mayores, así como en estados de armonía y en procesos complejos, como duelos, depresión o rehabilitaciones.

Fortalece lazos, siendo muy recomendable para grupos como familias, parejas y también, en equipos de trabajo en el ámbito de la salud ocupacional, destacando su papel preventivo y de apoyo para mejores climas laborales.

Una de las etapas en que es especialmente decisiva es en la pubertad y la adolescencia, cuando se inician alteraciones en la interpretación de la propia imagen, contribuyendo a la aceptación y valoración de nuestro ser.

Quienes guían la biodanza se forman durante tres años continuos, equivaliendo al tiempo requerido en una carrera técnica de nivel superior. Incluye teoría y práctica, además exige realizar una tesis de investigación sobre la disciplina para certificarse.

Datos curiosos, la biodanza fue creada o descubierta por el psicólogo, antropólogo, profesor y pintor chileno, Rolando Toro, quien creó la primera escuela de biodanza en Brasil y de ahí en adelante en otros puntos del mundo. Fue postulado a recibir el Premio Nobel de la Paz por este aporte el año 2001, 9 años antes de fallecer. Actualmente se practica biodanza en más de 54 países, incluyendo todos los continentes.

En Chile existen cerca de 900 facilitadores certificados en biodanza. Busque al suyo en su comuna o en la más cercana a su residencia para que una vez a la semana se concentre en recordar la maravilla de vivir, más allá de los altibajos naturales que enfrentamos todos sin excepción.

La seriedad de esta práctica es tal que se ha incorporado en la atención de pacientes oncológicos en hospitales públicos, de salud mental y en funcionarios de salud, encontrándose validada por el Ministerio de Salud de Chile dentro de las Prácticas de Bienestar de la Salud y Medicinas Integrativas Complementarias. Ha demostrado efectos indiscutibles en la disminución de niveles de cortisol y en el equilibro del sistema nervioso.

La biodanza no es magia, pero sus efectos sí lo parecen y dejan en evidencia esa hermosa y sabia certeza, que se comparte en todas las culturas y tiempos, las respuestas que buscamos están en nosotros mismos. La invitación a investigar sobre esta disciplina está hecha, seguro cerca de ti existe un instructor o instructora de biodanza y sentirse pleno parte por nuestro propio compromiso con ese objetivo vital.