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De los diarios de infancia a los escenarios internacionales: la historia de Carol Arias, poeta que lleva el nombre de Pitrufquén por Latinoamérica

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Hay historias que nacen en grandes ciudades y otras que florecen entre recuerdos sencillos, calles tranquilas y paisajes que parecen hablar. La de Carol Arias Chacón es una de ellas.

La escritora y poeta, conocida hoy por presentar sus obras en distintos países de latinoamérica, asegura que su relación con las palabras comenzó mucho antes de publicar libros o participar en encuentros literarios. Nació en Valdivia, pasó parte de su infancia en Santiago y llegó siendo apenas una niña a Pitrufquén, la ciudad que terminaría convirtiéndose en su hogar, su inspiración y el lugar desde donde ha construido una trayectoria literaria que hoy trasciende fronteras.

A sus 54 años, Carol recuerda que escribir siempre fue una necesidad. Antes de la poesía, antes de los reconocimientos y los viajes internacionales, estaban los diarios de vida. «Siempre tuve inquietud por escribir. Me entretenía inventando historias y escribiéndolas en mis cuadernos», recuerda entre risas.

En aquellas páginas de infancia nacieron las primeras semillas de su creatividad. Mientras otras niñas contaban experiencias que ella no vivía, Carol las imaginaba y las convertía en relatos propios. Sin saberlo, ya estaba desarrollando la capacidad que años después la transformaría en escritora.

Uno de los recuerdos que conserva con mayor cariño ocurrió en 1981, cuando llegó a Pitrufquén. Había esperado durante mucho tiempo reencontrarse con sus hermanas mayores y el viaje en tren hacia el sur quedó grabado para siempre en su memoria.

Al bajar en la estación y ver a sus hermanas correr para abrazarla, sintió que comenzaba una nueva etapa. «Fue un momento maravilloso», recuerda. Una palabra que repite varias veces al hablar de aquellos años y que resume la forma en que observa su propia historia.

Con el paso del tiempo, la naturaleza, los paisajes rurales y la vida cotidiana comenzaron a transformarse en una fuente permanente de inspiración. Para Carol, los árboles, los ríos, los jardines y hasta los pequeños detalles del entorno adquirieron un significado distinto. «Todo comenzó a tener un sentido mucho más profundo. A través de la naturaleza podía comprender mejor las emociones humanas», explica.

Pero si hubo un momento decisivo en su camino literario, ese llegó con la maternidad. Cuando nació su hija comenzó a escribir un diario relatando cada experiencia, cada emoción y cada descubrimiento. Aquellas páginas marcaron un antes y un después. «Ahí me di cuenta de que probablemente tenía habilidades para la escritura», cuenta.

Desde entonces, las palabras dejaron de ser únicamente una compañía íntima para convertirse en una herramienta de expresión, memoria y creación.

Con el tiempo llegaron sus primeros proyectos literarios, entre ellos «Resiliencia», obra que considera especialmente significativa por todo lo que representó en su desarrollo como autora. Más tarde vendrían nuevos trabajos, publicaciones colectivas y participaciones en antologías de distintos países.

Sin embargo, Carol insiste en que lo más importante no son los libros ni los viajes, sino las experiencias humanas que han surgido gracias a la literatura.

Su poesía la ha llevado a presentar su trabajo en ciudades como Buenos Aires, Arequipa, Lima, Ecuador y recientemente Paraguay. En cada viaje, asegura, ha encontrado algo más valioso que los escenarios o los reconocimientos: el aprendizaje.

«Todo ha sido llenar mi mochila de experiencias para después volver a mi pueblo y sembrar esas semillas aquí», afirma.

Precisamente en Paraguay vivió una de sus experiencias más recientes y significativas. Invitada a participar en actividades culturales por el aniversario de la ciudad de Caaguazú, tuvo la oportunidad de compartir su poesía y hablar sobre Pitrufquén ante audiencias internacionales.

Contó sobre las tradiciones locales, la riqueza de la cultura mapuche y la vida cultural que se desarrolla en la comuna. Al mismo tiempo, descubrió comunidades que aún conservan con fuerza sus raíces ancestrales y donde el idioma guaraní continúa siendo parte fundamental de la vida diaria. «Fue una experiencia muy enriquecedora. Conocer otros lugares me permite valorar aún más lo que tenemos», señala.

Pero quizá una de las facetas que más la emociona es el trabajo con niños, niñas y jóvenes. Durante sus visitas a colegios de Chile y el extranjero ha encontrado en las nuevas generaciones un entusiasmo que la conmueve.

Recuerda especialmente las escuelas peruanas, donde estudiantes recitan poesía, conocen la historia de su país y reciben a los escritores con abrazos, preguntas y muestras de cariño. «Ellos te hacen sentir que la poesía sigue teniendo un lugar importante», comenta.

Ese vínculo con las nuevas generaciones también quedó plasmado en «Entre Sueños y Desvelos», proyecto desarrollado junto a estudiantes de la escuela Las Américas de Pitrufquén. El libro reúne cuentos, poemas y pensamientos escritos por los propios estudiantes y se convirtió en la primera publicación editada formalmente de la que formó parte.

Una obra que, según reconoce, le llena el corazón porque nació simplemente con la intención de compartir.

Cuando mira hacia atrás, Carol admite que jamás imaginó que aquella niña que escribía diarios de vida llegaría a representar a Pitrufquén en distintos países. Sus sueños eran otros: formar una familia, convertirse en madre y construir una vida sencilla.

Sin embargo, las palabras terminaron encontrándola.

Hoy, después de recorrer escenarios internacionales, recibir reconocimientos y compartir su obra más allá de las fronteras, sigue observando el mundo con los mismos ojos curiosos de aquella niña que inventaba historias en un cuaderno.

Porque para Carol Arias, la poesía no está en los grandes acontecimientos. Está en el paisaje que la rodea, en la memoria de los afectos, en la vida de pueblo y en las experiencias cotidianas que, con sensibilidad y paciencia, transforma en versos que nacieron en Pitrufquén y que hoy viajan por el mundo.

Escuela Las Américas