
Trabajar diariamente con la muerte no es solo una labor técnica ni un negocio como cualquier otro. En el rubro funerario, cada atención implica enfrentarse al dolor ajeno, a la incertidumbre y al impacto emocional que genera la pérdida de un ser querido. Por ello, quienes desempeñan esta labor deben contar con una sensibilidad especial, capaz de ir más allá de la prestación de un servicio, transformándose en un apoyo humano en momentos de duelo. La empatía, la paciencia y la vocación de ayuda se vuelven fundamentales para contener a familias que, muchas veces, llegan sin claridad ni fuerzas para enfrentar lo que viene.
Esa es la convicción que ha guiado por más de 30 años a Nelson Bustamante Durán, de 64 años, dueño, representante y vendedor de la empresa velatorio y funeraria Bustamante, con presencia en Pitrufquén y Temuco.
Lejos de ser una decisión improvisada, la trayectoria de Bustamante en el rubro funerario tiene raíces familiares. “Nosotros hemos tenido funeraria toda la vida en Temuco. Mi madre, mi hermano… era una empresa familiar”, recuerda.
Su llegada a Pitrufquén, sin embargo, fue inesperada. Según relata, todo comenzó cuando la persona que estaba a cargo de una funeraria en la comuna no podía continuar trabajando. “Me vine por un mes, pero ese mes se transformó en 30 años. Me quedé y lo di todo por este lugar”, afirma.
Desde entonces, ha consolidado un trabajo constante, posicionando su empresa como una alternativa reconocida en la comuna.
El desafío de trabajar con el dolor
Para Bustamante, el aspecto más complejo —y a la vez más importante— de su labor no está en la logística, sino en el trato con las personas. “La gente llega acabada, llega con un problema enorme. Cuando fallece alguien, se les viene el mundo encima. No es fácil para nadie”, explica.
En ese sentido, recalca que el rol de la funeraria es también acompañar emocionalmente. “Uno trata de entenderlos, pero ellos no razonan en ese momento. Llegan llorando, desorientados. Hay que tener paciencia, darles tranquilidad y ayudarles a solucionar todo”, señala.
Agrega que, más que vender un servicio, la prioridad es facilitar el proceso. “No se trata de poner trabas, todo lo contrario. Hay que ayudar de forma desinteresada. Si uno puede hacer más por la gente, hay que hacerlo”, sostiene.
Uno de los aspectos que destaca de su empresa es la flexibilidad para las familias, entendiendo el difícil momento económico y emocional que enfrentan. “Nosotros damos plazos. Trabajamos con AFP, compañías de seguros, Dipreca, IPS. Siempre buscamos una forma de que la gente pueda cumplir sin presión inmediata”, explica.
Además, la funeraria ofrece un servicio integral que incluye velatorios, traslado y acompañamiento. Actualmente cuentan con dos velatorios en Pitrufquén, una oficina central en Av. 12 de Febrero 673 —con atención las 24 horas— y una flota de vehículos que ha ido evolucionando con el tiempo.
“Antes se usaban buses grandes, pero los descartamos porque eran incómodos y de mal gusto para las familias. Hoy tenemos carrozas modernas, una limusina, vans para los familiares. La idea es que puedan despedir a su ser querido de una forma más digna y tranquila”, comenta.
Generación de empleo y crecimiento
La empresa no solo ha crecido en infraestructura, sino también en su equipo humano. Actualmente, son cerca de 10 personas las que trabajan entre Pitrufquén y Temuco, incluyendo la fábrica de ataúdes ubicada en esta última ciudad. “La idea siempre ha sido también generar empleo, aportar en algo a la comunidad”, indica Bustamante.
Más allá de su trayectoria profesional, Bustamante reconoce que su cercanía con el dolor no solo proviene del trabajo, sino también de vivencias personales. “He pasado por lo mismo. Hace poco falleció mi hermano, que también tenía funeraria. He perdido sobrinos, y mi madre estuvo 14 años en cama. Sé lo que se siente”, relata con honestidad.
Estas experiencias, asegura, han reforzado su forma de atender a las personas. “Cuando a uno le toca, ahí entiende realmente. Eso le da otro sentido a lo que uno hace, lo hace más humano”, afirma. Tras más de tres décadas en el rubro, Nelson Bustamante tiene claro que su trabajo va mucho más allá de lo comercial. Es una labor de servicio, de acompañamiento y de respeto por el dolor ajeno. “Yo soy igual que cualquier persona, tengo sentimientos. Aunque uno trabaje en esto, nunca deja