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Ruth Badilla Garcés, instructora de Pitrufquén: “Si toda la humanidad practicara yoga, viviríamos en un mundo mejor”

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El yoga es mucho más que una práctica de posturas y ejercicios físicos. Es una invitación a detenerse, respirar y conectar con el presente, en medio de una rutina que muchas veces deja poco espacio para el bienestar personal. Así lo ha vivido Ruth Badilla Garcés, nutricionista de profesión e instructora de yoga, quien encontró en esta disciplina una herramienta de transformación personal y hoy busca compartir sus beneficios con personas de distintas edades en Pitrufquén.

A sus 44 años, Ruth recuerda que su acercamiento al yoga comenzó en una etapa de su vida marcada por la ansiedad y el estrés. Junto a su marido buscaban tener una segunda hija, un proceso que se extendió por varios años y que la llevó a replantearse la manera en que estaba enfrentando sus emociones.

“Alguien me dijo: necesitas bajar un poco los niveles de ansiedad, estás estresada. Te recomiendo practicar yoga”, recordó.

Aunque su primera experiencia no fue la esperada, hubo algo que la motivó a volver. “Esa noche logré dormir bien después de mucho tiempo. Con el paso de las clases, comencé a descubrir una filosofía que iba más allá de la flexibilidad y las posturas”, recuerda.

Lo que comenzó como una búsqueda personal terminó convirtiéndose en una nueva vocación. Tras años de práctica y formación, Ruth se especializó en Vinyasa Yoga, una modalidad que combina movimientos fluidos con la respiración y que permite mantener la atención en el momento presente.

Un regreso a sus raíces y un espacio para la comunidad

Después de vivir cerca de 19 años en Santiago, donde formó su familia, Ruth regresó a Pitrufquén junto a su marido y sus dos hijas, en un periodo marcado por el estallido social y posteriormente la pandemia. Sin un proyecto definido, encontró una oportunidad a fines de 2021, cuando el municipio la contactó para desarrollar talleres de yoga.

Esa experiencia le permitió acercar la disciplina a más personas y, con el tiempo, concretar su propio espacio; el centro Anahata Yoga Pitrufquén, ubicado en calle Balmaceda 655.

Actualmente, desarrolla cuatro talleres vinculados al municipio y mantiene su centro abierto a la comunidad, con alternativas para distintos niveles y necesidades. Las clases incluyen Hatha Yoga, una práctica más pausada, y Vinyasa Yoga, de movimientos más dinámicos. También existen grupos para personas mayores y embarazadas, además de clases infantiles a cargo de una instructora especializada.

“Acá no hay ningún filtro, mujeres, hombres, independiente de las edades, porque adaptamos la práctica a las necesidades de cada persona”, explicó.

“No se necesita nada más que intención en el corazón”

Uno de los principales mensajes de Ruth está dirigido a quienes sienten curiosidad por el yoga, pero creen que no tienen la flexibilidad, la condición física o el cuerpo adecuado para practicarlo.

“Los movimientos corporales son una parte de la práctica, pero la parte primordial es la conexión que tú logras contigo misma, ese espacio, el permitirte el bienestar”, señaló, invitando a la comunidad a atreverse a vivir la experiencia sin prejuicios ni exigencias.

Entre los beneficios que destaca están el fortalecimiento muscular, el equilibrio, la concentración y una mejor calidad del sueño. Sin embargo, también subraya la importancia de aprender a reconocer las propias necesidades y cuidar la salud emocional.

“Nos cuesta mantener la mente acá y, en esa desconexión, nos perdemos cosas maravillosas que pasan en el presente”, reflexionó.

Para Ruth, especialmente en el caso de las mujeres, el yoga también representa una oportunidad para dejar de postergarse y comprender que el autocuidado no es egoísmo, sino una necesidad para estar bien y acompañar a los demás.

Quienes deseen conocer más sobre las clases pueden encontrar información en Instagram, a través de la cuenta @anahatayogapitrufquen, o acercarse al centro, donde Ruth está disponible para orientar a quienes quieran comenzar.

Su invitación es sencilla: darse la oportunidad de respirar, escucharse y descubrir una práctica que, desde su propia experiencia, puede abrir un camino hacia una vida más consciente y amable consigo mismo.

“Estoy 100% convencida de que si toda la humanidad practicara yoga, viviríamos en un mundo mejor”, concluyó.