Columna de opinión: El hoyo en el que vivimos

Por Violeta Campos M.

En medio de la cuarentena dada por la Pandemia del Covid -19, un buen panorama es ver películas.
De acuerdo a los medios de comunicación, “El Hoyo”, dirigida por Galder Gaztelu-Urrutia es el film que está en boga, por lo que decidí verla…
Muy lejos de mis expectativas, se trataba de una película bastante bizarra, sangrienta y difícil de digerir, y es que lo explícito a veces nos choca.
No entraré en mayores detalles, sobre la película, solo quiero realizar una reflexión trasladada a nuestra vida cotidiana,
Todo comienza en una prisión con un nombre muy rebuscado, pero que comúnmente se denominaba “El hoyo”, en donde se refleja claramente hasta donde puede llegar la sociedad por no perder sus privilegios, sin mirar la condición del resto.
La película se sitúa en una torre con 333 niveles, en donde los pisos de más arriba que comienzan desde el número 1 hacia abajo, tienen la ventaja de acceder a un gran banquete, comer y beber de lo que quieran en pocos minutos, antes de que la mesa comience a bajar por cada nivel. Sin la posibilidad de guardar nada, porque si lo hacen, comienza a elevarse la temperatura del ambiente hasta morir calcinados.
El problema, es que los presos del recinto, no son capaces de comer lo estrictamente necesario. Y no le dejan al resto, y no conformes por ir dejando las sobras, las van ensuciando con escupos, fecas y todo lo que se les ocurra…¿Se les hace familiar esto?
En el transcurso del film, los presos son sometidos a condiciones extremas, en donde en medio de la supervivencia son capaces hasta de cometer canibalismo.
Pero, esto no sucedería si esta gran mesa fuera mejor distribuida, si existiera empatía, si los acaparadores no se llevaran todo el alcohol gel, todas las mascarillas, todo el supermercado, si la mano de obra y sus familias no tuviera que verse expuesta al trabajar sin protecciones…
-En mi opinión, Dios creo el mundo de una forma tan perfecta que los recursos son suficientes para todos. Pero el egoísmo y la avaricia hace que algunos tengan derecho al banquete y otros a las fecas. El problema no es el sistema, no son los ricos, no es la Constitución. Toda vez que teniendo la libertad para ayudar, no lo hacemos, porque no queremos hacerlo-
Bueno, en la película, llega un momento, en el que 2 hombres se dan cuenta que deben hacer algo y luchan por revertir la situación. En donde finalmente se la juegan por llevar una ración intacta de comida hasta el nivel más bajo, pero no cualquiera, la mejor …
Es ahí donde llegan hasta el piso 333 y encuentran una niña bajo una cama, y pese a tener hambre y estar agonizando, los 2 personajes le entregan la ración a la niña. Para mi, una forma de reflejar qué hay que pensar en los más débiles y protegerlos, sembrando en ellos buenas acciones.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *