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Del trabajo estable al sueño propio: la valentía de emprender y el nuevo comienzo de Andrés con “Haro deléitate” en Pitrufquén

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Hay decisiones que cambian el rumbo de una vida. Dejar atrás la estabilidad de un trabajo de años, el sueldo seguro y la rutina conocida para lanzarse a la incertidumbre del emprendimiento no es un paso menor. Se necesita valentía, convicción y, muchas veces, una razón más profunda que el éxito económico; la familia, la salud y el anhelo de vivir con sentido.

Esa es la historia de Andrés Haro Pérez, ingeniero en alimentos, ecuatoriano de 52 años, quien tras casi dos décadas trabajando en la industria decidió dar un giro radical a su vida y apostar por su propia marca de sour; “Haro deléitate”, un emprendimiento que fusiona el pisco chileno con sabores tropicales y andinos que evocan sus raíces.

De Ecuador al sur de Chile

Andrés llegó a Chile el 6 de marzo de 1993. “Así que voy para los 33 años ya acá en Chile”, comenta. A Pitrufquén arribó el 23 de abril, hace casi 18 años, para trabajar en la planta Surlat.

Ingeniero en Alimentos titulado de la universidad Austral de Chile en Valdivia, su camino no fue sencillo. La decisión de estudiar en el sur surgió casi por casualidad. Su intención inicial era ir a Argentina, siguiendo los pasos de su padre —ingeniero agrónomo—, pero las circunstancias lo llevaron a postular a Valdivia.

Recuerda con emoción el momento en que recibió la noticia de su aceptación en la universidad: “Llega mi madre entre lágrimas y me dice: ‘Hijo, te aceptaron en la universidad’. Y ahí quedé… fue como ‘ups, hay que irse’”.

La adaptación no fue fácil. “En la universidad me costó mucho en un inicio… había una diferencia en cómo estudiar y todo. Me costó adaptarme”, reconoce. Sin embargo, perseveró hasta titularse y comenzar una extensa trayectoria laboral, donde destaca su estilo de liderazgo basado en el respeto. “Siempre fue muy sencillo también para el liderazgo con la gente… me baso en el respeto, sobre todo”.

Un amor que se construyó con el tiempo

Su llegada a Pitrufquén no fue amor a primera vista. “Para ser muy franco, en un inicio no me enamoró mucho Pitrufquén… los matices eran demasiado bruscos”, recuerda. Venía desde Frutillar y encontraba grandes contrastes en la ciudad.

Pero con los años todo cambió. “Al final nos terminamos enamorando de Pitrufquén. Realmente es un pueblo que a mí me gusta mucho”.

Criado en el campo en Ecuador —donde sus padres tienen una reserva ecológica—, Andrés nunca se sintió cómodo en las grandes ciudades. “Yo pasé de ser campesino a pueblerino, pero citadino ni a palos”, dice entre risas. Valora la tranquilidad, la posibilidad de salir en bicicleta y, en pocos minutos, encontrarse con potreros, vacas y paisajes abiertos.

Tras casi 20 años en la industria, llegó el momento de escuchar las señales. La presión y un problema de salud lo llevaron a replantearse el rumbo. “Tenía mucho miedo, mucho, mucho miedo. Me costó mucho tomar la decisión”, confiesa.

Pero entendió que debía hacer un cambio radical. “No sacas nada a la final después de salir con tu salud en el piso”.

Hoy, asegura, vive un renacer. “Disfruto de mis hijas un montón, de mi familia, de lo que hago. Ha sido un renacer completo”.

“Haro deléitate”: sabor, historia y unión

Antes de dejar definitivamente su trabajo, comenzó a experimentar en casa con mezclas y pequeñas producciones. Partió con maracuyá y mora de castilla. La idea era clara; fusionar el pisco chileno con sabores de su tierra.

“Para mí era súper importante que hubiera una historia detrás. Mucha gente puede llegar y tomarse el trago y decir ‘ya, rico’. Pero me gusta que haya algo que respalde lo que estás haciendo”.

Así nació Haro deléitate, una propuesta que busca ofrecer una alternativa más amable al tradicional pisco sour, reduciendo la acidez y ampliando la gama de sabores. “También buscaba atacar un cierto dolor, porque a mucha gente le gusta el pisco sour, pero después estás con acidez, con malestar. Versus que con esto no pasa”, explica.

Actualmente la marca cuenta con ocho variedades. Sabores tropicales como maracuyá, maracuyá mango, tamarindo, guayaba y guanábana. Además de sabores andinos; mora de castilla, naranjilla y tomate de árbol

Más que una propuesta gastronómica, Andrés la define como un puente cultural. “Esto es para generar una unión latinoamericana… debemos buscar las sinergias para poder vivir en paz, tranquilo y de mejor forma. Es sumar un granito de arena de cómo poder unir a las personas”.

Haro deléitate ya está constituida como empresa y funciona en Caupolicán 830, en Pitrufquén. Actualmente trabaja en la obtención de su registro sanitario para continuar creciendo dentro del marco legal.

El camino ha incluido participación en ferias, como en Puraquina y Faja Maisan, experiencias que describe como fundamentales para ganar visibilidad. “Es pasito a pasito el que uno tiene que dar para poder estructurar”.

Andrés también destaca y agradece el apoyo local. “La UDEL ha sido espectacular… es súper importante para un emprendedor que tengas quien te guíe”.

Agradece especialmente al centro de negocios de Pitrufquén y al equipo municipal, señalando que contar con esa “mano amiga” marca una diferencia real al momento de emprender.

Andrés no descarta que en el futuro pueda cumplir otro de sus sueños; abrir un delicatessen, idea que lo motivó a estudiar ingeniería en alimentos cuando era joven. Pero hoy su foco está en consolidar Haro deléitate, crecer de manera ordenada y, ojalá, generar empleo.

“Lo ideal después es poder conformar una buena empresa y generar fuente laboral para otras personas”.

Este padre ecuatoriano enseña que nunca es tarde para reinventarse. Que el miedo es parte del proceso, pero no debe paralizar. Y que, a veces, dejar la zona de confort es el primer paso para recuperar la salud, el tiempo en familia y la pasión por crear.